RUMBO AL BICENTENARIO

Hace más de una década que se empezó a difundir la idea del “plan lector” en la educación básica regular, cuyo ideal probablemente haya sido llegar al bicentenario de nuestra “independencia” con una juventud lectora. Esto en el entendido de que la actividad de leer genera un constante esfuerzo de nuestros músculos y gran ejercicio mental que el cerebro lo va asumiendo como una práctica diaria hasta volverse un hábito (ojalá que así fuera). Esto me ha obligado a sintetizar las ideas de tres académicos muy destacados. El primero responde a la entrevista que Jorge Eslava le hiciera a Daniel Cassany en la Universidad de Lima (2008), cuyo tema fue la importancia de la lectoescritura. El segundo hace referencia a Jorge Pérez Silva, quien aborda la enseñanza de gramática formal en la escuela; y el tercero es David Abanto, quien a modo de sarcasmo dice “aquí sí se lee” en un artículo que titula Leo, luego existo.

Para Cassany, la lectura y escritura son dos actividades que están estrechamente vinculadas, lo que quiere decir “para escribir hay que leer”; pero sobre todo comprender lo que se lee. Asimismo, destaca que la escritura es más difícil que la lectura, pero tampoco afirma que la lectura sea una actividad fácil, dado que el mundo está plagado de distintos textos, y si se hace referencia a Internet, la mayor parte de esta aparece plagada de información que no es confiable, ya que a través de este medio, se puede engañar, manipular, persuadir, etc. De ello se deduce que el contexto exige que los lectores actuales deben tener la capacidad de discernir entre la información válida y la inservible.

Por otro lado, el maestro Jorge Pérez asume que la enseñanza de la gramática formal debe ayudar a los jóvenes a desenvolverse libre y funcionalmente en su lengua materna en los diferentes ámbitos de la sociedad, contrario a la gramática tradicional centrada en el normativismo, que no les enseñó a escribir. Esto quizá explique por qué muchos estudiantes del colegio detesten al curso de Comunicación, incluso en la universidad, lo que no quiere decir que la gramática haya perdido vigencia en el mundo académico, por el contrario, es la pieza clave para entender nuestro idioma, lo que pasa es que no debe ser el fin, sino el medio que ayude a entender el funcionamiento de la lengua cuando se escribe.

Por su parte, David Abanto hace referencia a los lectores en el Perú. Destaca, según sus investigaciones, que la mayoría de peruanos leemos periódicos y vemos televisión. Dada la premisa que data del 2006, no sé si hoy los aproximadamente 31 millones de peruanos, aparte de los periódicos leemos otros textos, pero por placer, no por obligación. De no ser así, creo que asistimos a una situación difícil, en donde la prensa tiene una gran responsabilidad que al parecer no lo está cumpliendo frente a un público cada vez más consumista y menos exigente. No digo que toda la prensa escrita sea mala, lo que pasa es que, por su precio, circulan diarios de muy baja calidad que llegan a manos de niños, jóvenes y adultos. Por mi parte sigo pensando que “Un diario bien escrito es un buen referente para el aprendizaje de la lengua”. Obviamente, es contradictorio pensar que la prensa cumpla el rol que le compete a la escuela, pero dada la preferencia de sus lectores, tendría que exigirse para ofrecer un producto de mayor calidad.

Finalmente, destaco el error en el que incurre la escuela al asumir que cuando se habla de lectura o plan lector, solo atañe a textos literarios. Hablar de lectura es referirse a un universo mucho más amplio y diverso. Inclinarse, por ejemplo, por la lectura de textos referidos a la Filosofía, Religión, Biología, Física, Matemática, Historia, Lingüística, Literatura, etc., hace que las personas tengan mayores posibilidades de asumir una postura y defender con solidez lo que piensan, explicar con claridad y precisión un tema, respetar a los demás, incluso aprenden a ser más solidarios.

 

 

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